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martes, 30 de mayo de 2017

Escudo y bandera de Bolivia y del Paraguay

Escudos en etiquetas de cigarrillos: los hemos visto varias veces . En esta ocasión se trata de cigarrillos Ferriolo, aparentemente de origen uruguayo y de comienzos del siglo XX.


En la imagen que vemos sobre estas líneas, hallada en la Red, vemos seis tarjetas o "figuritas", entre las cuales dos pertenecen al área geográfica de la que se ocupa este Blog: la Argentina y las naciones que formaron parte de ella (Uruguay, Bolivia y Paraguay) hasta que intereses foráneos nos dividieron...

Las seis son interesantes, pero nosotros nos ocuparemos sólo de las dos que nos corresponden.
Observemos en detalle cada una de ellas.

Escudo y bandera de Bolivia:


No habrá pasado desapercibido para el lector que el orden de los colores de la bandera boliviana está alterado. El escudo es claramente una versión simplificada del emblema nacional de Bolivia.

Escudo y bandera del Paraguay:


Aquí lo curioso es el escudo del centro de la bandera, que debería llevar un león.

Estas imprecisiones son parcialmente comprensibles, en alguna medida a causa de las variaciones que sufrieron las banderas y los escudos de todas las naciones. 

lunes, 29 de mayo de 2017

Escudo del Colegio Militar de la Nación

En el año del bicentenario de la gesta sanmartiniana de los Andes, el Día del Ejército Argentino, que celebramos hoy, nos ofrece una espléndida ocasión de ocuparnos del escudo del Colegio Militar de la Nación.

En el sitio del Colegio Militar, bajo el título "El escudo", se afirma:

"El Torreón que conforma el emblema del Colegio Militar de la Nacion, fue elegido como el símbolo de la fortaleza, no sólo física, sino especialmente moral, que debe caracterizar al militar argentino.
Enmarcando el torreón, los laureles, símbolo del honor y de la gloria.




Honor que nace en las virtudes sanmartinianas, ejemplo preclaro de nuestra historia.
Gloria, que legó a través de su pasado y que compromete su pensamiento en el tiempo".


No se dice expresamente, pero el escudo encierra los valores que proclama el "lema" de la institución: "Orden, Valor, Gloria".

Aunque nos apartamos del campo estricto de la Heráldica,  creemos interesante mostrar además el sable propio de los oficiales del Ejército Argentino, su "símbolo de  mando", por su alto contenido simbólico. Se trata también de una captura de pantalla del sitio oficial del Colegio Militar.



Honramos así la fecha en que se recuerda que el Ejército Argentino "nació con la Patria en mayo de 1810".

domingo, 28 de mayo de 2017

Escudo del Centro de Altos Estudios en Ceremonial de Buenos Aires



El escudo del Centro de Altos Estudios en Ceremonial de Buenos Aires es de azur, y lleva una banda de plata con una cotiza de gules perfilada de sable,  acostada de las letras Alfa a siniestra y Gamma a diestra; en el centro, sobre el todo, una flor de lis de plata perfilada de sable. Bordura general del plata con el lema del instituto: "Traditio, sapientia et pax" y las siglas C.A.E.C.B.A. 

Nuestra adhesión al Día del Ceremonial.

sábado, 27 de mayo de 2017

Los "tres períodos" de la Heráldica nacional argentina

El 2 de abril hicimos referencia al libro "Qué es la Heráldica", de Jorge de Zarazaga-Berenguer. En menos de  100 páginas, el autor hace un somero recorrido por los fundamentos,  principios, reglas y características generales de nuestra disciplina y de los escudos en general. 
En uno de los capítulos,  llamado precisamente "Heráldicas nacionales", se explica cómo la elección y el diseño de símbolos para los escudos "cobra en las heráldicas nacionales especiales características". En ese capítulo aparece una interesante y polémica referencia a la Heráldica oficial de la Argentina y a los "tres períodos" que menciona el título de esta entrada. 
Transcribimos a continuación el fragmento en que el autor se refiere a esos "tres períodos" de la Heráldica argentina, pero ¡atención!: el capítulo no tenía ilustraciones; nosotros hemos añadido imágenes de escudos que, a nuestro entender, expresan lo que el autor está queriendo decir en cada caso. 
Sólo cuando  habla del tercer período Zarazaga-Berenguer  hace una expresa referencia a escudos provinciales concretos, y son esos tres escudos los que hemos agregado para ilustrar ese tramo del texto. 



«[...]

De cualquier ángulo que se mire, los pueblos europeos tienen una heráldica excelente, respetuosa de las normas de la ciencia y de las del buen gusto, rica, cuidada y vigorosa, personal y significativa. En suma, una ciencia-arte que contribuye a acentuar la dignidad de los países con la excelencia de sus concepciones y la maestría de sus realizaciones. 

En cambio en nuestra heráldica nacional pueden distinguirse tres períodos, lamentablemente ninguno bueno, pero el último francamente desolador. 

El primero es el de las provincias antiguas, fundadoras de la nación. Algunas de ellas recibieron sus escudos de sus fundadores. En tal época, siglo XVI, aunque los conquistadores y fundadores no fueran eruditos ni peritos en heráldica, sí conocían la materia por serles habitual y cotidiana. Estaban acostumbrados a ver en casas y palacios, torres, enterramientos y capillas excelentes escudos que hacía tuvieran el ojo hecho a la noción de proporciones, piezas usadas y equilibrio de masas. Y aunque entonces se hubiera ya iniciado una decadencia heráldica, era la decadencia de algo muy sólido que apenas empezaba a flaquear. Tales escudos, compuestos no por especialistas sino por hidalgos conocedores en general del asunto, pudieron ser pobres y escuetos, susceptibles de ser mejorados y enriquecidos, pero no malos desde un punto de vista estrictamente heráldico. 



El segundo período es el de principios del siglo pasado, cuando se declara la independencia y la mayoría de las provincias adecuan sus escudos sobre las bases del nacional. Hay en ello una evidente falta de originalidad. En ningún país los escudos de las provincias se basan sobre el nacional, ni tienen por qué hacerlo. Pero éste sería el mal menor, es una época de total ignorancia de todo lo que pueda parecerse a tal materia. Algo tan fundamental como un símbolo que llevará la representación del país, no sólo dentro de sus límites, sino también al exterior, es tratado con enorme ligereza desconociéndose las reglas y leyes elementales de la heráldica, y obteniendo como resultado escudos empastados y burdos. 



Tampoco se cuida su forma externa, con lo que en vez de tener la de escudos viriles, adoptan formas aptas para señoras, o municipios, quitándoles el debido rango. 

Se presenta también un fenómeno típico de nuestro país, que es la estratificación de la heráldica. Por desconocimiento de la materia se cae en una rigidez que priva a los escudos de la flexibilidad necesaria para ser utilizados de una manera adecuada cuando lo exigen las circunstancias. Mientras que es usual en Europa cambiar la forma de los escudos cuando así lo aconsejan las necesidades de la arquitectura, la orfebrería y la decoración en general. 

A ello se agrega que se inventan piezas y colores inexistentes, teniéndose en cuenta más las tendencias en boga en el momento que los rasgos inalterables de la nación. 

En el escudo nacional es de lamentar que la pieza de mayor dignidad heráldica y simbólica como es el sol no vaya pleno y en el lugar de honor. En cambio se inserta incorrectamente en ese sitio el gorro frigio, ya que en caso de querer ponerse esta pieza carente de categoría debió ser como timbre. Es, por otra parte, un elemento usado por un pueblo asiático de la antigüedad y, por lo tanto, ajeno a nuestras tradiciones de raigambre hispánica. 


Puede agregarse que dentro del simbolismo es un símbolo erótico del que Juan Eduardo Cirlot dice:  “...Por ello el troyano Paris —tipo puro del hombre venusino, cuyo destino en suerte y desgracia es enteramente determinado por el eros— se representa con el gorro frigio...” 


"Los amores de Paris y Helena", de Jacques-Louis David
El tercer período ni siquiera es heráldico. Se inicia al otorgarse escudos a las antiguas gobernaciones cuando son convertidas en provincias. El panorama no puede ser más desolador; ya no solamente se violan las leyes heráldicas, sino las del más elemental buen gusto. La ignorancia de lo que debe ser un símbolo es total, desconociéndose también la historia y la tradición de las provincias representadas, lo mismo que los elementos constitutivos de la tierra.

Los escudos compuestos en esta época oscilan entre ser un catálogo con los productos de la provincia y adoptar las formas más feas y caprichosas que puede sugerir una fantasía desmedida. 

Los casos más extremos de este período lo representan los escudos de Chubut, Neuquén y Formosa. 


Formosa, Chubut, Neuquén
Tales escudos, lejos de representar las provincias a las que les han sido impuestos, las agravian en su dignidad. 

La observación de estos símbolos puede hacer que se llegue a una equivocada conclusión sobre la naturaleza e índole del país y la esencia de la nacionalidad, ya que lo verdaderamente argentino se ve ensombrecido por lo inadecuado de su representación.


"Collage" de cuatro escudos municipales:
Lomas de Zamora (Buenos Aires) - Plottier (Neuquén) - AviaTerai (Chaco) - Gobernador Costa (Chubut)
La heráldica es una materia que, sedimentada por el uso inmemorial y la legislación a través de los siglos, tiene un contenido hondamente espiritual, y, por lo tanto, de un valor trascendente que escapa a lo meramente físico. 

No obstante en nuestro país a menudo se le ha desconocido tal calidad componiéndose escudos que representan una provincia de la nación con groseros elementos materiales, como pueden ser los productos de su economía, que desvirtúan la esencia del símbolo. 

Pero no solamente el panorama heráldico civil presenta tal aspecto, sino que los escudos de la jerarquía eclesiástica, salvo escasas excepciones, adolecen de graves defectos.



Algunas observaciones sobre las características espirituales de esta ciencia respaldarán este juicio. 

En las monarquías, que es donde el poder civil, al ser consagrado, adquiere su mayor perfectibilidad en el plano de las  relaciones humanas con la divinidad, es donde los símbolos heráldicos de cualquier país y época adquieren un mayor una mayor dignidad y gravedad, y donde la majestad de la nación se muestra más patente. Esto es tan notorio que surgirá de la simple observación. Las repúblicas no alcanzan en sus símbolos tal excelsitud, mas aún conservan una dignidad quizá despojada de grandeza, pero que mantiene todavía sus caracteres espirituales. 



En cambio, en las naciones que se hallan bajo sistemas comunistas de gobierno, al carecer en absoluto de jerarquía espiritual, al haberse deshumanizado materializándose, al hacer tabla rasa de todo principio de respeto a la dignidad y libertad de las criaturas, los símbolos se cargan de este materialismo y son feos y pesados; más aún, son repelentes a la sensibilidad del espectador. 

El símbolo abstracto es más apto ya que representa el todo y no una parte de la nación, y se identifica con ella. Por su carácter arquetípico es un producto del espíritu que, como tal, goza de cierta gravedad, de cierta majestuosidad, y grandes y pequeños, poderosos y débiles se encuentran cubiertos por su grandeza, que es la de la nación que representa. 

Un símbolo abstracto siempre cubrirá y representará el todo y podrá proyectarse, así cambien los regímenes, a través de  las épocas, ya que lleva la perdurabilidad intrínsecamente en sus características substanciales».

Hemos de decir, para terminar, que coincidimos, en lo sustancial, con el autor del libro.

viernes, 26 de mayo de 2017

Centenario Argentino, 1910

Prolongamos hoy la fiesta patria de ayer.
Una serie de imágenes, obtenidas en la Red, nos muestran tarjetas, postales y recuerdos publicados con motivo del Centenario de la Revolución de Mayo, celebrado en 1910.









En las dos últimas tarjetas se ve un monumento que, en realidad, jamás existió. Iba a reemplazar a la Pirámide de Mayo, pero gracias a Dios el proyecto no llegó a concretarse. Nos dedicamos con  detalle a esa cuestión hace pocos días.

jueves, 25 de mayo de 2017

"Seguidillas de mayo y de julio"

Rastreando  referencias heráldicas en la Literatura argentina, nos encontramos con estas sencillas rimas de Baldomero Fernández Moreno titulada "Seguidillas de mayo y de julio".



¡Cuántos lindos colores
sobre la piedra!,
las casas estén blandas
con las banderas. 
Todo forrado
llevo el corazón rojo
de azul y blanco.



Guirnaldas de bombillas
blancas y azules,
faroles con escudos
y multitudes.
Para mañana
mi trajecito pardo
pero de gala.




Yo me quedo en la cama,
tranquilamente,
porque hace sol o frío
o porque llueve.
Pero si suenan
clarines y tambores,
que me detengan.



Perdido entre el gentío
uno de tantos,
sin charoles, sin fajas,
sin entorchados...
En la Avenida,
yo soy siempre el que manda
toda la línea.


El que mires las tropas
con entusiasmo,
brillo de bayonetas,
lumbre de cascos,
que no te impida
echar una ojeada
a tu vecina.



Vienen los granaderos
de oro y de grana,
verticales y negras
llevan las lanzas.
Viento de gloria 
adormece o despierta
las banderolas.



Como rotundo vientre
avanza el bombo,
entre los instrumentos
es el más bobo.
Hondo y pausado,
no hay que verlo, señores,
hay que escucharlo.



Rivadavia y Moreno
raudos y torpes,
con la doble carlanca
de los cañones.
Mastines fieros
y la alegre jauría
de torpederos.


¿De qué nido salieron,
tres golondrinas,
quién disparó esa flecha
de la escuadrilla?
¿A dónde, madre,
mas allá de las nubes
irá a clavarse?




Hemos ilustrado esta entrada con diversas imágenes tomadas de la Red, que corresponden a festejos patrios de las fiestas mayas y julias;  varias de las imágenes fueron capturadas en las celebraciones de los bicentenarios de 2010 y 2016.  Hemos procurado que las fotos elegidas guarden relación con lo evocado por el poeta:  casas embanderadas, guirnaldas con los colores patrios, faroles con escudos y banderas, granaderos con lanzas y banderolas, tropas que desfilan, el tambor de la fanfarria, los tres aviones sutilmente aludidos en la última estrofa. Mención especial merece la foto de los acorazados Rivadavia y Moreno, tomada de Histarmar, a los que se refiere Fernández Moreno en la penúltima estrofa. Dichos acorazados llegaron a la Argentina en 1914 y 1915, respectivamente. 

Es la leve referencia heráldica de la estrofa que dice

Guirnaldas de bombillas
blancas y azules,
faroles con escudos
y multitudes


la que justifica esta entrada, que cerramos con un par de fotos antiguas que también guardan relación con el  verso "faroles con escudos".



Celebramos de esta manera un nuevo aniversario de la Revolución de Mayo.

miércoles, 24 de mayo de 2017

Escudo de monseñor Uladislao Castellano

Monseñor Uladislao Castellano fue el tercer Arzobispo de Buenos Aires. Ejerció ese cargo entre 1895 y 1900. Nacido en 1834, este sacerdote cordobés había sido elevado al orden episcopal en 1892, como Titular de Anchialus y Auxiliar de Córdoba.





El mismo año de su asunción en Buenos Aires, monseñor Castellano peregrinó hasta el Santuario de Luján, como lo recuerda esta placa:



A monseñor Castellano le tocó volver a coronar en 1897 la imagen de la Virgen de Luján, después del robo y posterior recuperación de la corona que le había sido impuesta en 1887.

Carlos Ruiz Santana, en su nota sobre "Heráldica Eclesiástica Argentina" publicada en 1945 en  la revista (número 4/5) del Instituto Argentino de Ciencias Genealógicas, describe así el escudo episcopal:
Su escudo: Cortado. 
Al primero de azur, la Virgen de Luján.
Al segundo de gules, el libro de los Evangelios abierto.                                                 En letras de sable:"Evangelizare paupéribus misit me" (San Lucas).
Lema: "Sub tuum praesidium".




Además de la cruz arzobispal, de la mitra y el báculo acolados, y del galero arzobispal, añadamos la curiosidad de las ramas de laurel atadas a la base de la cruz. 

Mas datos acerca de este escudo pueden verse en nuestra entrada del 23 de noviembre de 2010

Tomé las fotos de esta entrada durante una visita al Santuario Nacional de Luján, en diciembre de 2014. La publicamos en el día en que invocamos a María como "Auxilio de los Cristianos", porque el lema episcopal de monseñor Castellano, tomado de la más antigua oración a la Madre de Dios, parece invitar especialmente a ello:

Sub tuum praesidium confugimus,
Sancta Dei Genitrix.
Nostras deprecationes ne despicias
in necessitatibus nostris,
sed a periculis cunctis
libera nos semper,
Virgo gloriosa et benedicta.


Bajo tu amparo nos acogemos,
santa Madre de Dios;
no deseches las súplicas
que te dirigimos en nuestras necesidades,
antes bien, líbranos siempre de todo peligro,
¡oh Virgen, gloriosa y bendita!

martes, 23 de mayo de 2017

"50 años de rock en Argentina"

Sólo queremos hacer notar hoy que la portada del libro "50 años de rock en Argentina" hace una clara referencia heráldica: concretamente, al Escudo Nacional. La imagen precedente procede de la Red, pero la que sigue es una foto tomada en una librería porteña, con cartel de precio y todo.


La forma oval es reemplazada por la de un plectro; los campos parecen invertidos (el blanco aparece en la parte superior); las manos estrechadas sostienen una guitarra eléctrica de la que se ve el clavijero y las clavijas. Los ornamentos exteriores son muy similares a los del emblema patrio, aunque sin la cinta argentina en la parte inferior.



lunes, 22 de mayo de 2017

Escudo de monseñor León Federico Aneiros

León Federico Aneiros nació en Buenos Aires en 1826. Monseñor Medrano lo ordenó presbítero en 1848. Tras ocupar diversos cargos pastorales y en la Curia porteña, cuando Buenos Aires fue elevada a sede metropolitana, Aneiros fue nombrado Provisor y Vicario General por decreto del 1º de marzo de 1865.  En 1869, al ausentarse el arzobispo Escalada para participar del Concilio Vaticano I,  Aneiros quedó a cargo del gobierno de la Arquidiócesis. 

Una vez en Roma,  Escalada logró del Papa el nombramiento de Aneiros como Obispo Titular de Aulón y Auxiliar de Buenos Aires, que Pío IX firmó y publicó el 21 de marzo de 1870. Pero antes de su consagración episcopal,  ocurrió la inesperada muerte de monseñor Escalada en la Ciudad Eterna.  Sin embargo, a los pocos días de conocida la noticia en Buenos Aires, el  Cabildo Eclesiástico nombró a Aneiros como Vicario Capitular,  y poco después, el 23 de octubre de 1870, se llevó a cabo la consagración episcopal en la capilla interna de la Casa de Ejercicios de Buenos Aires. El consagrante fue el Obispo de San Juan, Mons. José Wenceslao Achával.



Aneiros era, pues, Obispo Auxiliar de un arquidiócesis que no tenía Arzobispo...  Suponemos que las difíciles circunstancias que se vivían entonces en Roma demoraron el esperable nombramiento, que sólo se concretó tres años después. Monseñor Aneiros  tomó posesión de la sede porteña en octubre de 1873, y ejerció el cargo de Arzobispo de Buenos Aires hasta su muerte en 1894.


Nos hemos referido a su escudo episcopal en dos entradas cercanas entre sí, pero ya lejanas en el tiempo: el 23 de julio y el 23 de agosto de 2010. Mostramos allí el mismo cuadro que vemos hoy, sólo que las fotos de la actual entrada las tomé personalmente en el museo de la cripta de la Basílica de Luján.

El vínculo de monseñor Aneiros con Luján es destacado, pues le cupo al Arzobispo el insigne privilegio de presidir la coronación pontificia de la imagen de Nuestra Señora de Luján, el 8 de mayo de 1887, en medio del concurso de más de 40.000 fieles.

Vemos aquí con más detalle el escudo arzobispal:


En campo de azur, una cruz de oro. Lema: "In cruce salus et vita": "En la cruz está la salvación y la vida". Lleva la cruz de doble travesaño, y mitra y báculo acolados, como era costumbre.

En los bellos y abigarrados ornamentos que luce monseñor Aneiros vemos otros escudos: los de las tres Repúblicas del Plata, a las que se extiende el patronazgo de la Virgen de Luján. También por ello esta entrada es publicada durante la Semana de Mayo.